10 de 01 de 2017

#TúPorElMundo Marruecos II

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La segunda parte de esta entrega sobre un recorrido full aventura en Marruecos, ¡imperdibles anécdotas y recomendaciones sobre un maravilloso lugar!

Y el camino continua. Hay tantas cosas que me encantaría contarles y transmitirles de este país, pero intentaré sintetizar lo más posible.

Las Medinas, son las ciudades amuralladas, donde todo ocurre. La más famosa, es la de Fez; un auténtico laberinto con más de 190 barrios, cada uno con una mezquita, una escuela coránica, una panadería, un hamman o baño turco y una fuente de agua; es imposible no perderse entre sus paredes.

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Uno cree tener claro por dónde ir, pero de repente te encuentras por un callejón sin salida, en el que un simple paseo se convierte en un verdadero rompecabezas.

Sigues caminando y encuentras la plaza principal, donde generalmente encontrarás una Gran Mezquita, con muchas calles principales que te ayudarán a encontrar la salida; algún café, donde se sientan los más intelectuales y eruditos, a apreciar las personas que pasan caminando y al turista desorbitado intentando encontrar el lugar de donde venían o donde quiere ir.

De todas maneras, es una ciudad por la que tienes que ir acompañado de un guía local, que te explique todo lo que ahí sucede, sus calles, sus historias, sus anécdotas, sus tiendas plagadas de olores y cosas hermosas, que alucinan a cualquier ojo. Les recomiendo que si les gusta algo, lo compren enseguida, porque nunca podrán volver al mismo lugar.

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Es alucinante entrar a una tienda, que solo la abren para ti, te estiran las alfombras, te sirven un té de menta y comienzan a conversar contigo. El claro ejemplo de un servicio al cliente ejemplar, donde tú eres el centro de atención y te aseguro que de ese lugar será imposible no salir con algo.

Conocer las curtiembres, donde cortan y tiñen el cuero. Esas tinajas llenas de colores que no sabían ni siquiera que existían, con un olor bastante particular, pero que no deja de asombrar.

Luego el paseo continúa, esta vez a ciudades de paredes azules. Llenas de pasadizos secretos y recovecos. En el camino, atraviesas la Cordillera del Atlas, por las montañas llenas de olivos que te llevarán al inhóspito desierto del Sahara.

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Pasan las horas y llegas a la mitad de un camino, donde esperan unos jeep 4×4 para llevarte al desierto del Sahara; el más árido del mundo. ¡Era increíble!, de solo pensar que estaría ahí me daba nervios.

Nos esperaban varios jeep, y muchísimas personas alrededor de este vendiendo turbantes para que te pongas en la cabeza y así ser parte de esta aventura.

Camino al desierto, ¡literalmente no hay nada! Nada de nada, que en verdad no entiendes cómo pueden encontrar el camino al lugar que vamos, ¡sin puntos de referencia! El guía avanzaba sin titubear, siguiendo los signos invisibles del desierto del Sahara.

De repente llegamos en la mitad de la nada a un lugar que por fuera era feo, feo, feo. Pero bueno, la experiencia me había enseñado que eso era solo una fachada… y así fue.

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Dentro, había un hotel de lujo por un lado y por el otro carpas donde dormían los bereberes y donde tu podías dormir si te aventurabas… ¡obviamente yo dormí ahí!

El lugar estaba lleno de alfombras sobre la duna, realmente precioso; las carpas hechas con las hojas de las palmeras y unos asientos en el suelo hechos de arena, cubiertos por las alfombras para que fueran más cómodos. Si bien era muy autóctono, este era un lugar de lujo, hecho para los turistas, con duchas y baños, solo que con agua helada.

Por una parte, podías elegir tener un paseo en camello para ver la puesta de sol o salir bien temprano en la mañana para ver el amanecer, nosotros con mi familia elegimos el amanecer. Mientras el otro grupo se iba de paseo, nosotros nos pusimos a conversar con los bereber; ¡¡¡qué experiencia más alucinante!!!

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Estos hombres hablaban un perfecto español, y eran analfabetos, también pude comprobar que hablaban perfecto inglés e incluso otros idiomas, por el solo hecho de tener contacto con turistas.

Mientras tomábamos un rico té de menta, nos explicaron que las alfombras son hechas a mano por las mujeres y que cada una de ellas cuenta una historia. La historia es de sus aventuras por las travesías que viven moviéndose de un lugar a otro.

Antiguamente eran nómades, se transportaban de un lugar a otro durante la noche, guiados por las estrellas y así capear el calor del día, de manera de poder encontrar un lugar del cual pudieran autoabastecerse.

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Todo lo que tenían lo generaban ellos, las mujeres no se veían porque ellas se dedicaban a cocinar y a las labores del hogar. En el caso de los hombres, eran los que servían la comida, se preocupaban de la música y atender a los turistas, como también de las excursiones que se realizaban durante el día.

En la noche, cantamos y bailamos alrededor de la fogata, éramos personas de distintas culturas, pero todos teníamos algo en común; queríamos conocer un poco más de esta cultura milenaria.

El frío te calaba los huesos, ni hablar del despertar al amanecer. El espectáculo de las estrellas es inexplicable, un lugar plagado de ellas; unos se duermen leyendo, otros viendo televisión, esa noche, yo me dormí contando y apreciando las miles de estrellas.

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Partimos temprano, aún no amanecía, cada uno sobre un camello. Hacía mucho mucho frío y no se veía ni siquiera la punta de la mano. Nunca entendí cómo, pero nos llevaron a la duna más alta del desierto del Sahara para poder apreciar el amanecer.

Los camellos no podían llegar hasta la parte más alta, por lo cual tuvimos que caminar, en ese pequeño tramo, no logré entender cómo pudieron guiar esa travesía, si no se veía nada y la inestabilidad del terreno, incluso podía provocar que te cayeras del camello.

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En fin, llegamos sanos y salvos a la cumbre, un espectáculo de colores que es indescriptible: naranjos, rojos, blanco, amarillos, miles de colores que formaban un amanecer inigualable…

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Por eso y mucho más los invito a tener un sello más en su pasaporte y recordar que siempre habrá un lugar que te gustará más que otro, pero aprende a viajar con la inocencia de un niño, para admirar lo que ves con los ojos de un adulto.

1 comentarios

marcela

12 de enero de 2017

Otro bello relato de esta linda viajera ,muy bien descrito todo , muy bien descrito y relatado , Felicitaciones

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