01 de 03 de 2016

APRENDER A PORRAZOS

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Vivencias que nos hacen crecer, aprender y valorar las cosas importantes de la vida, querer a nuestro cuerpo, nuestro corazón y nuestros afectos.

Febrero no ha sido un mes de relajo como todos los años, más bien se convirtió en días largos de miedo y pena. Mi papá está complicado de salud y eso ha provocado que todo se vuelque a él, por lo mismo me he dado cuenta de varias cosas, y nunca me había hecho tanto sentido la frase “se aprende a porrazos”, hasta hoy.

Cuando alguien de tu familia está mal lo único que quieres es que salga adelante, te llenas de impotencia porque no puedes sanarlo y tienes que esperar ya que al final es un proceso, uno muy parecido al que vives tu.

Como en toda situación, te llenas de miedo por lo que está pasando o podría pasar, junto a eso la tristeza prima, no tienes ganas de nada más que estar con tu familia y en el fondo todo lo demás se vuelve inútil. Luego aparece la rabia, las preguntas: ¿por qué a él? ¿por qué a nosotros? Y tratas de encontrar respuesta, te culpas, te desanimas, no entiendes. Después todo se junta: la pena, la rabia, el miedo, pero también entiendes que no hay nada que hacer, e intentas tapar estas emociones con optimismo, con fe.

Finalmente descubrí que estamos inmersos en un mundo de fantasía, donde el cariño o el contacto físico son reemplazados por un saludo en Whatsapp, las peleas abundan y el perdón no aparece. Un lugar donde a la mayoría le importa más lo que tenemos y no lo que somos, en el cual dejamos pasar nuestros dolores y no escuchamos ni queremos ver cuando nos dicen que debemos cambiar.

Ahí comprendí que la pregunta no es por qué, sino para qué. Quizás todo esto pasa para que mi papá, mi familia y yo, entendamos que somos nosotros los que tenemos que tomar control de nuestros dolores, que en la vida tenemos que aceptar nuestros miedos pero no dejar que nos dominen, que la gente que te quiere va a estar ahí siempre, y los que no por algo se van.

Es un proceso difícil, quizás el más complicado que hemos pasado, pero la gran enseñanza de todo esto es que la familia ama y lo hace siempre, que todo el mundo necesita cariño y es imposible ser duro la vida entera. También saber que no hay nada de malo en llorar, que eso nos hace más reales, más honestos.

Sí, es un aprendizaje duro, único y personal, pero lo comparto para que cuando se enfrenten a una situación así sepan que de alguna u otra forma va a pasar.

Si se aprende a porrazos, mejor tratemos de hacerlo antes, vivamos con lo lindo, disfrutemos más.

¡Que sea un lindo regreso a clases! Un abrazo grande,
@jjavimedina

2 comentarios

Gladys

02 de marzo de 2016

Gran verdad!! Y quizas esto pasa por no darnos un tiempo, todo es muy rápido, todo lo dejamos para después!! Cuando lo primordial sería estar bien con nosotros mismos, en equilibrio en cuerpo y alma, para así entregar lo mejor de cada uno a nuestros seres querido y así tendriamos tambien mejor calidad de vida!!

Ilenia Maturana

01 de marzo de 2016

SELENA GOMEZ MARZO 2016 PORTADA

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