13 de 03 de 2014

Me invitaron a un matrimonio

Un matrimonio siempre es un buen panorama para invitar o para ser invitado, sin embargo, más allá de la barra abierta, buena comida, cotillón y música, hay muchos factores que pueden hacer de este “brillo” uno de los peores momentos de tu vida. Yo no he tenido buenas experiencias. La primera vez que tuve que invitar a alguien fue terrible.

Era el matrimonio de la familia del esposo de mi mamá y en ese momento me gustaba mucho una persona y para no invitarlo y hacerme la interesante invité a un amigo. Mi pensamiento fue que mientras más confianza, mejor lo iba a pasar y más relajado todo.

Me imaginé haciendo coreografías chistosas y robándonos los postres pero no. Cuando terminó la comida y estábamos listos para ir a mover el esqueleto, se me taimó el lolo. Yo no entendía qué pasaba o si había hecho algo malo, le pregunté, le ofrecí cosas y nada, la cara de chato nadie se la sacaba.

Cuento corto, le pregunté si quería que lo fuéramos a dejar y tuve que sacar a mi mamá de la fiesta para que fuera a dejar al lindo. Nunca entendí qué fue lo pasó, nunca más hablamos del tema y después surgió el rumor de que los zapatos le quedaban chicos y por eso “no podía seguir mis pasos de baile”.

La segunda vez invité a un chiquillo que me gustaba pero no sabía qué tanto, y fue todo incómodo. Se puso muy cocoroco y me regaló una rosa y andaba muy pendiente de mi, tipo cuento de hadas y yo sólo quería tomar un trago y pasarlo bien. Mientras él me intentaba seducir yo miraba al lado a mi mejor amiga bailando con su mejor amigo muertos de la risa y me quise morir un rato.

A igual que la primera vez, terminé odiándolo, me hizo dejar mi vaso en la mesa para que pudiéramos bailar y dar giros y estuve todo el matrimonio escondiéndome de él.

La tercera vez fue lo freak de lo freak. Conocí bailando a un mino durante 1 minuto en una fonda y seguimos whatsappéandonos y después de un mes me invitó a un matrimonio.

Yo y mi lema “hay que aprovechar las oportunidades”, acepté y resultó no ser tan malo. En un acto arriesgado lo acompañé, no nos conocíamos nada y hablamos toda la noche. Nos comimos todo y bailamos su rato. El tipo fue un caballero conmigo y salió todo bien. Química no hubo, pero al menos no terminé corriendo como otras veces.

La última vez que fui a un matrimonio decidí ir sola. Mis hermanos también fueron sin pareja y ha sido la mejor experiencia matrimonial. Comimos, tomamos, bailamos toda la noche y no tuvimos que meterle conversa a nadie.

En fin, no sé si sea yo la con la mala suerte como dice la canción de Jesse y Joy, pero de que ha sido un tema en mi vida, lo ha sido. Es que uno ve el lado superficial de la cita, pero hay muchos factores importantes a considerar.

No es llegar, comer, bailar. Está la pasada a buscar, el encuentro, la ida, la ceremonia, la sentada a comer, etc,. El vestido (ni tan santo ni tan p5t1), el zapato cómodo para bailar y lo más importante, la ingesta de alcohol.

No es llegar y tomar y que todo el familión te vea arriba de la pelota. Hay muchos silencios que deben ser llenados, mucha tensión y nerviosismo. Asi que OJO con las invitaciones y los invitados.

@javimartinezl

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