14 de 11 de 2013

Monos: El enemigo fatal

No he tenido buenas experiencias en invitaciones a matrimonios y sin embargo, me armé de valor e invité a un mino a un matri. Era ese típico mino que te gusta, tu sabes que le gustas pero por algo de la vida como que no resulta, como que no pasa. Luego de pensarlo mucho e imaginármelo en diferentes situaciones (entrando a mi casa, camino al matrimonio, momentos muertos, etc.) dije ya ya, no tengo que pensarlo tanto y lo hice.

Llegó a mi casa y me dio una mezcla de vergüenza e incomodidad pero dije filo, vamos y actué como si todo fuera lo más normal del mundo. Estaba mi mejor amiga y mi hermana siempre acompañando los momentos así que sobreviví pero llegó la hora de bailar. Lo primero que pensé fue tomar algo para prenderme y perder esa sensación de “nervio”. La primera canción bailando y ya quería tomarme las manos y darme vueltas y yo como “mmm, tengo el vaso en la mano, espera” y no, siguió haciéndolo.

Después de varios intentos fallidos me di cuenta que me miraba muy fijamente. Como si tratara de analizar todos mis gestos sin parar y yo ya no sabía hacia dónde más mirar. Listo, dejé el vaso para que me dejara tranquila. Bailamos y en un momento, se congeló mi visión: lo vi bailando muy motivado, mirándome fijamente y sonriendo, tenía un cartel que decía “Javi, lo estas pasando bien?, Javi, te gustan mis movimientos?” y me bajaron los inevitables e incontrolables MONOS.

Para las que no usan o no conocen el término, es como cuando te baja la vergüenza ajena con tanta potencia que te mata las pasiones y ya al mino atractivo, mino, guapo, no lo ves como antes. Es como cuando una vez conversando con un chiquillo que intentaba jotearme me dijo “oye, cachai la canción eres de café tacuba? te la dedico”, fue como que me dio tanta vergüenza él dedicando canciones de contenido bastante pasionales (“lo que más quiero en ese mundo también eres”) siendo que lo había conocido hace un segundo que fue como noo, next, MONOS.

Son unas ganas de salir corriendo o cortar el teléfono o desconectarte o nosé, fugarte. Lo peor de todo, es que no hay nada que el pobre tipo pueda hacer para que el simio que tiene instalado encima, desaparezca. Hizo algo que te dio tanta vergüenza o te mató tanto las pasiones que se hundió a lo más hondo de tus intereses. Las mujeres olemos la desesperación, la intensa búsqueda de aceptación o de intento por quedar como los bacanes frente a nosotras.

Eso no funciona, nos aleja, nos hace verlos pequeños. No es que queramos que sean pesados e indiferentes (aunque hay algunas mujeres que eso es lo que más les gusta y bueno, eso será en otra columna) es sólo que queremos naturalidad, con eso hasta las cosas más extrañas o gestos pernos podemos verlos como los más lindos y tiernos del universo.

1 comentarios

Yemina-King

14 de noviembre de 2013

maaaaaaaás :)

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